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MI REENCUENTRO CON LA OBRA DE LUIS ÁLVAREZ LENCERO


Los que conocemos, porque hemos investigado a fondo, la vida y obra de Luis Álvarez Lencero, sabemos que el buen poeta que fue durante muchos años, entró en profunda crisis creativa como consecuencia de sus pretensiones artísticas alimentadas, creemos nosotros que justificadamente, después de su éxito en Madrid, presentando su exposición de esculturas y sobre relieves en hierro trabajados en frío, que tan buena crítica tuvo en la prensa especializada del momento.

Lencero, que ya por aquellos años había abandonado la Poesía, o por mejor decirlo -porque un poeta nunca la abandona del todo-, su creación poética o se dedicaba exclusivamente a exaltar su obra escultórica con sus versos, decide marcharse de Extremadura, abandonando a su esposa Carmen, verdadera alma mater de toda su creación artística e, incluso, su compañera de trabajo y cómplice de sus calenturientos sueños de un hombre genial pero inmaduro, instalándose provisionalmente en el serrano pueblo de Colmenar Viejo, muy cercano a la capital madrileña, a la espera de unos encargos que nunca llegarían.

Decepcionado, solo, pues también ha perdido a su madre fallecida en el mismo Colmenar, hace un último intento por salvar sus pretensiones de escultor marchándose al pueblo soriano de El Royo, donde unos primos le ofrecen su casa para montar el taller, y a donde se desplazan sus amigos el pintor dombenitense Cañamero y su esposa Palmira para ayudarle a montarlo, eso sí, del propio bolsillo del pintor. Fracasado el intento, vuelve a Colmenar donde sobrevive con su sueldo de funcionario del I. N. de Previsión en una humilde pensión del pueblo serrano madrileño.

A partir de este momento, el hombre gravemente enfermo y desmoralizado, comenzará una triste carrera hacia la muerte, suceso que se produce en Mérida a donde finalmente se ha trasladado después de rescatarlo de su soledad madrileña algunos antiguos amigos y admiradores de su obra, lugar en donde el entonces Alcalde, Vélez, había puesto a su disposición una escuela-taller que nunca llegaría a ocupar plenamente, pues el poeta-escultor fallece el 10 de junio de 1983.

No queremos olvidarnos en estas notas de dos grandes hombres, y para nosotros queridos amigos, que también le ofrecieron su ayuda al poeta en los momentos de mayor necesidad. El primero es el sacerdote y escritor Diego Blázquez de Yánez, de Retamal de Llerena, uno de los hombres que mejor conocen nuestra tierra extremeña, quién durante mucho tiempo “recogió” en su propia casa a su amigo enfermo ofreciéndole el calor familiar que necesitaba. El segundo es Antonio Pedrero, de Campillo de Llerena, bibliófilo, un hombre bueno que lleva en su enorme corazón el amor a Extremadura, e incapaz de ver sufrir a un amigo sin ofrecerle su desinteresada ayuda.

Pedrero, poseedor de una de las mejores bibliotecas sobre temas extremeños, había conocido a Álvarez Lencero en Colmenar Viejo, en 1980, acompañando a otro extremeño ilustre que fue a visitarle, Juan Pedro Vera Camacho, y con mayor intimidad, con motivo del recital poético ofrecido por éste en el Hogar Extremeño de Madrid, Gran Vía, 59, 4º, el día 3 de abril de 1981, quedando entusiasmado por la fuerza y la belleza de la poesía del vate pacense. A partir de ese momento surge una fuerte amistad entre el poeta-escultor y el grupo de jóvenes escritores que se reúnen en el Hogar Extremeño de Madrid, grupo que poco más tarde crearán la Asociación Cultural Beturia/Beturia Ediciones, entre los que se encuentran: Alejandro García Galán, José Iglesias Benítez, Juan José Arias, o el mismo Antonio Pedrero, quien no duda de ofrecerle su casa de Campillo de Llerena mientras encuentra otra solución para sus problemas, al mismo tiempo que le ofrece la fragua de su cuñado por haberse éste trasladado a otra más amplia, para que pueda cumplir sus sueños de escultor. Ya hemos indicado que finalmente Lencero optaría por marchar a Mérida aceptando la oferta que le hace su Alcalde.

Hemos querido hacer esta breve introducción sobre la vida del poeta pacense antes de introducirme por completo en lo que fundamentalmente nos lleva a comentar este trabajo, para reflejar el estado de inseguridad y desconcierto en los que vivió los últimos años de su vida, una vez que decidió abandonar Extremadura, su familia, sus amigos y todo aquello que hasta esos momentos había sido el sostén y fundamento de su vida, así como el de su obra artística, tanto poética, como sus inicios en el campo de la escultura en hierro frío.

Una vez aclarado este punto, vamos a meternos de lleno en lo que realmente nos interesa en estos momentos: la obra poética de Luis Álvarez Lencero.

Señalábamos en el libro Luis Álvarez Lencero …, desde la memoria (estudio bio-bibliográfico) –libro que permanece inédito después de varios intentos fracasados-, que en Extremadura, principalmente en la capital pacense, había ido creciendo durante los años que van de los 50 a los 70 un movimiento cultural de la mano de hombres de la talla humana como son los hoy olvidados José Díaz-Ambrona, González-Castell, etc., cuyo órgano de expresión fue la revista Gévora, en donde brillan con nombre propio el poeta modernista Manuel Monterrey, su director, y la valiosísima y original ayuda de su joven amigo Luis Álvarez Lencero, revista sobre la que se han hecho amplios estudios que nosotros también recogemos en el mencionado libro.

Son los años de máxima creación de nuestro poeta quien en el lejano 1953 publica su primer poemario El Surco de la Sangre, obra a la que se le irán añadiendo otros títulos importantes en la producción lenceriana como: Sobre la piel de una lágrima, 1957; Hombre, 1961; Tierra dormida, obra dedicada enteramente a la memoria de su amigo Monterrey y publicada en 1970; Juan Pueblo, el libro más controvertido del autor, publicado en 1971 por nuestro común amigo Carlos Doncel, hoy ya fallecido y añorado por todos los amantes de los libros; finalizando esta primera parte de su importante producción poética con el libro Canciones en carne viva, 1973.

Intencionadamente hemos dejado para una segunda época de la producción poética del autor los poemarios: Poemas para hablar con Dios, 1982, y Humano – dos ediciones – , también del año 1982, señalando únicamente como dato biográfico que de la obra de Lencero y publicada por el mismo autor se hizo una Antología poética, 1980, al mismo tiempo que mereció un amplio estudio del profesor Ricardo Senabre recogida con el título de Obras escogidas, 1986, ofreciéndose más tarde, en 1988, unas “polémicas” pero imprescindibles Obras Completas, bajo la dirección del querido amigo Francisco Lebrato, a quien desde aquí felicitamos por su “atrevimiento”, pese a las críticas que le zarandearon de manera inmisericorde.

Y resaltamos lo de “intencionadamente” porque ya con el autor en franca decadencia, son el resultado de recuperaciones de poemas de otras épocas que Lencero, con el oportunismo que siempre le caracterizó, aprovecha, muchas de ellas con importantes y significativas modificaciones e, incluso, con nuevas y sorprendentes dedicatorias a sus amigos, borrando de los originales las anteriores, según su estado de ánimo o sus fobias recientemente estrenadas y sin ponerlo en conocimiento de nadie, tal y como veremos poco más adelante, incluso de aquellos que habían colaborado de manera desinteresada en la publicación y difusión de su obra con tal de ayudarle a levantarle de la completa ruina económica (vamos a dejarlo ahí) en la que se encuentra el autor.

Quede claro nuestra gran admiración por la obra del poeta, al que hemos seguido estudiando paso a paso por espacio de más de tres años, y a quien nadie resta los méritos literarios que merece. Otra cosa es que después de tantas horas dedicadas a seguir sus huellas por este mundo, tengamos sentimientos enfrentados entre el artista y el hombre. No es la primera vez, ni será la última, que nos encontremos con que detrás de un gran artista, de un gran creador –y Lencero lo es sin la menor duda- se nos presente un hombre de lo más vulgar y timorato, capaz de actuaciones personales inverosímiles, muy alejadas de la reciedumbre de su obra. Pero esto siempre entrará dentro de subjetividades, fuera del marco que nos ocupa.

Revisando las numerosas entrevistas que el poeta-escultor concede a
los distintos medios de comunicación de la época – principalmente escritos – y comparando sus declaraciones con lo que fue la realidad, podríamos decir, como mínimo, que Álvarez Lencero entra en fragrantes contradicciones, muchas veces fruto de su propia egolatría y las más, intentando tapar sus miedos o limitaciones frente a los “amigos” que le rodean y le halagan, muchos de ellos para darse una pátina de cultura ajena, distorsionando la realidad de un hombre bastante inmaduro y vanidoso.

Vamos a poner como ejemplo de lo que estamos diciendo tres casos perfectamente conocidos por sus más allegados y que aparentemente – los dos primeros – no tienen la menor importancia, pero que nos pueden servir para conocer la personalidad de Lencero, y que él repite una y otra vez en sus entrevistas:

1º.- Su famoso viaje a Alemania, Checoslovaquia, Bélgica y Francia como “obrero especializado”. Les remitimos a las respuestas que nos ofrece su esposa Carmen en la Addenda del libro, donde con todo detalle nos aclara el por qué se fue su marido a Alemania, su trabajo como obrero común, sus penalidades en una humilde pensión, negando que éste saliera de Alemania durante el tiempo del contrato laboral, cuyo viaje de regreso, por expreso deseo de ella, se pagó con el dinero sacado de una exposición de pintura realizada por el mismo Lencero. Es decir: nunca estuvo ni en Checoslovaquia, ni en Francia, ni en Bélgica como adorna su biografía.

2º.- Siempre que puede, y así lo hacen figurar sus entrevistadores, declara que hizo estudios de Peritaje industrial, algo sin trascendencia en su vida, pero que es realmente falso y fácil de comprobar si uno se molesta en rastrear su corto expediente académico.

3º.- No vamos a hablar de las borrascosas relaciones que de por vida mantuvo Luis con su padre, porque no nos importa en este caso, pero sí de las que mantuvo con su madre, de la que da siempre una imagen de mujer amada hasta la adoración y a la que dedica muchos y hermosos poemas, quizás de los más calidad y hondura lírica. Pues bien, y esto también puede leerse en las declaraciones de su esposa Carmen, de la que podríamos ponerlo en cuarentena, aunque hay otras personas que también lo avalan, Luis fue un niño mal criado que llevó su egoísmo hasta extremos preocupantes, tanto con su mujer como con su madre a las que abandonaba
a su suerte siempre que entraba en crisis y a las que no dudó en abandonar definitivamente cuando encontró a otras mujeres, Marifé Baigorri entre ellas, con las que jugar a “pavo real”.

Cuando murió su madre en Colmenar, de problemas de corazón en los que su hijo colaboró bastante, aunque él lo niegue, Luis las había abandonado en su nueva casa porque se había marchado tras otras faldas y más de un amigo común nos confirman que habían escuchado los llamamientos que desde Radio Nacional de España se le hicieron para que se presentara en su casa “por un asunto grave”, que era como entonces se les comunicaba a la familia ausente cualquier problema con el fin de localizarlos. Luis llegó tres días más tarde de su muerte y los buenos oficios de los Díaz-Ambrona facilitaron el que los forenses retuvieran el cadáver de la mujer, así como el traslado a Badajoz, donde por cierto no estuvo presente en el momento de su entierro porque “se había perdido durante el viaje”

Podríamos señalar más “contradicciones”, pero creemos que son más que suficientes para lo que queremos señalar a continuación y que nos hicieron dudar de su palabra en temas de creación poética.

A preguntas de los periodistas, en más de una ocasión señala los títulos de los poemarios publicados, si bien es verdad que en muchas ocasiones, y creemos que por errores de los entrevistadores, estos títulos aparecen con marcadas diferencias de los reales, añadiendo a continuación los títulos de otros libros que tiene terminados pero que permanecen hasta ese momento inéditos: Leche negra, Poemas de hierro, Con el corazón al hombro, Tiempo de morir, Décimas humanas, etc.

Cuando en 1983 muere Luis, por disposición testamentaria ante Notario de Mérida fechado el día 11 de abril, deja como única heredera de todos sus bienes, derechos y acciones en pleno dominio a doña María Fe Baigorri Morentín, su nueva compañera sentimental, que no mucho tiempo después, creemos que acertadamente, vende –vamos a decir que por precio simbólico, por decir algo- a la Diputación Provincial de Badajoz, todos los fondos bibliográficos de los que dispone (notas manuscritas, notas de prensa, fotografías, pruebas de imprenta de algunos poemarios, etc.), pasando a formar parte del Centro de Estudios Extremeños, en donde se conservan con acertado criterio de sus responsables, tal y como hemos podido comprobar en la Exposición Luis Álvarez Lencero, Obra Plástica y Poética, realizada en el Museo de Bellas Artes de Badajoz, los días 19 de mayo al 19 de junio de 2004.

Una pregunta se nos viene a la cabeza al referirnos a estos fondos: ¿está toda la obra de Álvarez Lencero en los papeles que vendió Marifé a la Diputación de Badajoz? Naturalmente que no. Las idas y venidas del personaje por los distintos destinos que hemos señalado, han hecho que se desperdiguen muchos papeles, apuntes, bocetos de libros nuevos, variantes de poemas a lo que tan acostumbrado nos tiene Lencero, etc., y en otras ocasiones, también lo señalamos en el libro, por propia voluntad del poeta de regalárselos a sus amigos, como es el caso del pintor Tena, seguramente el poseedor de los más interesantes documentos del poeta y que por falta de tiempo no pudimos cotejar durante la entrevista que le hicimos, o los que quedan en lo que fue su hogar en Badajoz y que en la actualidad conserva religiosamente su ex – esposa Carmen, que nosotros hemos podido revisar dada la amabilidad de la dueña de la casa, quien no dudó en poner a nuestra disposición tan preciados documentos.

Una segunda pregunta nos hacemos frente a tan controvertido y nada fiable personaje: ¿Será cierto que tenía inédita tanta obra señalada, o nuevamente incurría en equívocos con tal de aumentar su ego? Bueno pues por esta vez tenemos que reconocer que las dos cosas pueden ser verdad y no entrar en contradicción entre sí.

Cuando en 1982 aparecen impresos los nuevos libros Poemas para hablar con Dios, que le publican sus amigos de Madrid de su propio bolsillo como una forma de ayuda personal y, Humano, dentro del homenaje que Extremadura le rinde en Mérida, todos creen que el poeta se ha empleado a fondo, pese a su grave enfermedad, en estos últimos meses y se ha dedicado a la tarea de escribir los poemas que se publican en los dos libros, teniendo como referencia el que muchos de estos poemas son verdaderas oraciones de un hombre que se encuentra ante una situación límite como es el cáncer de pulmón que le tiene postrado después de varias operaciones importantes, con la pérdida de uno de sus pulmones.

Hoy tenemos pruebas de que lo que señalábamos en la bio-bibliografía sobre el agotamiento del poeta a partir de su marcha de Extremadura, y más concretamente desde su separación matrimonial de su esposa Carmen, es completamente cierto. Luis Álvarez Lencero, engañado por los representantes de las galerías de Arte que le han hecho creer después del éxito alcanzado con su única exposición madrileña que ya es un escultor consagrado y que su futura obra es fácil de poner en los circuitos comerciales, ha ido abandonando progresivamente su obra literaria, sin que durante estos largos años de absoluto abandono y hasta la recuperación del personaje, primeramente por los escritores extremeños aglutinados en torno al Hogar Extremeño de Madrid, y más tarde por los que le convencen para su regreso a tierras extremeñas, se le conozca ninguna actividad ni actuación sobre su obra poética.

Por el contrario, el hombre motivado que renace de sus cenizas tras el recital poético en Gran Vía, 59, y después de habérsele propuesto publicar lo que poco más tarde sería su poemario Poemas para hablar con Dios, recupera parte de su antigua obra poética ya olvidada y la presenta como si fuera de nueva creación. Esto mismo sucede cuando desde Mérida se le ofrece la oportunidad de que su gran homenaje vaya acompañado con la publicación de un nuevo poemario, Humano, como veremos a continuación.

Tan agotado estaba su mundo creativo que, incluso, no tiene inconveniente en repetir poemas ya publicados anteriormente, como es el caso del poema “Un niño mataba pájaros”, que aparece en su libro Canciones en carne viva, págs. 21-22 y vuelve a recuperarlo íntegramente en Poemas para hablar con Dios, pág. 58.

En el ya citado libro bio-bibliográfico sobre Lencero, en las páginas 121 y 138 señalamos como libro terminado pero inédito el poemario Con el corazón al hombro, que ya hemos dicho también ponemos en duda, pero que tenemos que rectificar y pedir disculpas porque, para nuestra suerte, en el momento de escribir estas notas dicho libro, completamente terminado y dispuesto para su publicación, está en nuestras manos, y del que vamos a hablar detenidamente.

Hace unos meses, le mandamos en soporte informático, una copia de la bio-bibliografía… a nuestro querido amigo y bibliófilo de Villanueva de la Serena, Agustín Jiménez Benítez-Cano, con el que tantas cosas compartimos, estando entre las principales la amistad y el gran amor por los libros, siendo ambos socios fundadores de la UBEX (Unión de Bibliófilos Extremeños) y eternos buscadores de novedades bibliográficas por las librerías de viejo de toda España.

Agustín nos responde agradeciéndonos el detalle e informándonos de que en Villanueva vive una prima de Luis Álvarez Lencero, cuyo nombre es Teresa. No puede ser otra, nos decimos, que la prima que le ofreció su casa del pueblo soriano de El Royo, y a la que convendría entrevistarla para
saber si conserva algún documento de Lencero o, por lo menos algún libro con dedicatoria que podamos incorporar a nuestro trabajo.

Pero lo más importante es, la noticia de que Teresa tiene en su poder, piensa él, el original de un libro desconocido que va a poner a nuestra disposición para que lo estudiemos. Este libro, que Agustín se encarga de fotografiar hoja a hoja, es el poemario inédito El corazón al hombro, completamente preparado para su publicación y esta vez en el pie de la portada una fecha nueva: Madrid, 1980, corrigiendo la de 1974, que era la fecha en la que dice el autor que tenía preparada la obra.

Pero nuestra sorpresa es mayúscula cuando nos ponemos a leer la joya que tenemos entre las manos y comprobamos que muchos de los poemas que contiene están publicados en poemarios posteriores, es decir Poemas para hablar con Dios y Humano e, incluso, podemos encontrarnos con poemas publicados en la Carpeta. Si seguimos paso a paso el contenido del libro, podemos determinar que de 41+1 poemas que lo componen, 20 forman parte de los poemarios ya señalados, repartidos de esta manera: 6 en Poemas…; 14 en Humano y 1 en la Carpeta, algunos de los cuales, también son recogidos en Obras escogidas, del profesor Ricardo Senabre, y en Obras Completas, de Francisco Lebrato, muchos de ellos con algunas variantes.

Otras de las curiosidades con las que nos encontramos, es el cambio de las dedicatorias de los distintos poemas, apareciendo algunos duramente tachados por el rotulador del autor, siendo casi imposible conocer el nombre del anterior destinatario.

Por último, y como hecho de más relevancia en el contenido del libro, queremos señalar las numerosas variantes que han sufrido algunos de los poemas publicados en los ya mencionados libros, que vamos a ir desmenuzando uno por uno, reflejando las dos versiones con las que están escritos: primeramente en el libro inédito y a continuación la versión definitiva con la que aparece en los poemarios publicados.

Después de un detallado estudio sobre el libro inédito de Luis Álvarez Lencero y sus posteriores modificaciones, llegamos a las siguientes conclusiones:

1º.- Naturalmente, que el autor es muy dueño de hacer con su obra los cambios que crea necesarios, mucho más, si como en el caso que nos ocupa, dichas modificaciones –Luis era muy cuidadoso con las formas-, en las mayoría de los casos, sirven para embellecer los poemas.

2º.- Que Luis Álvarez Lencero, leída su poesía concienzudamente, con la distancia que dan los años y los nuevos caminos que ésta ha ido tomando en tan largo espacio de tiempo, se nos presenta – y esto es un comentario personal, y por lo tanto subjetivo, así como rebatible –, si no como el gran poeta de su tiempo (creemos, aunque no sea de nuestro gusto, que lo fue Pacheco), capaz de infundir admiración y respeto a tantos nuevos poetas que más tarde le superarían en formación y calidad lírica (Santiago Castelo, Pablo Jiménez, Ángel Sánchez Pascual, Jaime Álvarez Buiza, José Mª Bermejo, José Iglesias Benítez, José María Lorite, Juan Carlos Rodríguez Búrdalo, etc.), sí como un gran poeta con el que siempre habrá que contar cuando hablemos de las letras extremeñas. Su poesía, si bien es “oportunista” en muchos casos (toda la poesía lo es), está impregnada de una belleza y musicalidad admirable, a lo que habría de añadir – ya lo hace el profesor García Galán – la creación de nuevos términos – neologismos –: Sorprendente resulta su poderosa facilidad para la creación de nuevos términos. Estos neologismos, de gran fuerza fónica y contenido semántico, son una aportación valiosa al léxico español.

3º.- El libro que ha llegado a nuestras manos, que el poeta nunca pudo editar por falta de recursos económicos, es una verdadera joya que vamos a intentar nosotros ponerlo a disposición de los amantes de la obra lenceriana, pues si bien, tal como hemos ido estudiando con minuciosidad, muchos poemas están ya impresos, otros muchos, la mayoría de ellos, están esperando tomar vida para poder llegar a los lectores, principalmente extremeños.

Desde aquí nuestra admiración, profunda, meditada y sincera, a una obra poética muy superior a su propio autor. Ya hemos dicho que a largo de la historia no es la primera vez, ni será la última, que esto suceda. Pero además: ¿qué tiene que ver la vida del artista con su obra? ¿Por qué tenemos que pedirle al poeta que sea consecuente con su obra? Lo importante, siempre, será la belleza de lo creado. Y en Lencero hay belleza. Hay POESÍA.



Ricardo Hernández Megías. Julio de 2008.

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