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HOMENAJE A JUAN ÁLVAREZ GUERRA

HOMENAJE A JUAN ÁLVAREZ GUERRA. (14-V-2010)


Respetables autoridades académicas, estimado público: es para mí un honor, como Presidente de la Federación de Asociaciones extremeñas en la Comunidad de Madrid, poder hacer una breve semblanza de un extremeño ilustre, al que la Escuela Superior de Ingenieros Agrónomos de la Universidad Politécnica de Madrid, ha nombrado Ingeniero Agrónomo Honorífico a título póstumo, en este año de 2010. Muchos son los méritos que este político hoy olvidado acumula a lo largo de su vida para el reconocimiento de este magnífico galardón.

Al hilo de este homenaje, permítanme que aproveche la ocasión para reclamar sobre mi tierra la atención cultural que se merece y que durante muchos años, inconcebiblemente, se le ha negado. Hasta hace unos años, los pocos iniciados, hablaban de una tierra, de un pueblo, el extremeño, que parecía no tenía historia. Si se hablaba de Extremadura, o bien se sacaba a la palestra a los Pizarros y los Corteses, y no siempre para alabarles como se merecen, o bien se nombraba a Zurbarán, por cierto magnífico pintor de escuela sevillana, como la más importante figura de las artes. Comprenderán ustedes que con sólo pasear por las calles de nuestras ciudades y mirar las fachadas de nuestras catedrales, de nuestros palacios, de nuestros conventos, de nuestras iglesias, de nuestras blasonadas casonas solariegas, queda borrada esta idea. Las piedras nos hablan de un pasado donde las más importantes familias de la nobleza asentaron sus reales en nuestras tierras, reconociendo con ello, que buena parte de la historia de España se ha escrito en suelo extremeño. Naturalmente, y en un homenaje cultural como el que estamos haciendo a un ilustre hijo de Extremadura, hay que recordar otros muchos hombres de las letras españolas, como Francisco Sánchez de las Brozas “El Brocense”, Benito Arias Montano, el cardenal Siliceo, Juan Bravo Murillo, Donoso Cortés, Felipe Trigo, Meléndez Valdés, Antonio Rodríguez-Moñino, etc., entre un numeroso ejército de hombres de las letras, de las artes, de la política e, incluso de las armas. A Dios lo que es de Dios y a Extremadura lo que le pertenece.

El 27 de Marzo de 1778 nacía en Zafra José Álvarez Guerra, cuarto hijo de una familia de propietarios agrícolas dedicados también a negocios de tenerías, que pasados los años sería el abuelo de Don Manuel Machado Álvarez “Demófilo”, y bisabuelo de los poetas Antonio y Manuel Machado. Antes que él habían venido al mundo tres varones. Juan, que andando el tiempo llegaría a ministro de Gobernación; José, canónigo distinguido que fue de la Colegiata zafranse y Andrés, controvertida personalidad que llegaría a hacerse célebre durante la guerra de la Independencia, como coronel del batallón de voluntarios “Cazadores de Zafra”, y más tarde como editor de los Cuadernos de Ceres destinados a comercializar ingenios agrícolas de su invención.

Pero en esta ocasión vamos a centrarnos en la figura de don Juan Álvarez Guerra, motivo de esta charla, personaje durante muchos años en el más injusto de los olvidos y hoy afortunadamente rescatado por la pluma de otro extremeño insigne, desgraciadamente fallecido muy joven y cuando su trabajo estaba dando magníficos frutos, trabajos que pueden ustedes consultar en el catálogo de la Editora Regional de Extremadura. Me estoy refiriendo al santamarteño Fernando Tomás Pérez González.

Don Juan Álvarez Guerra, como todos sus hermanos, había nacido en la hermosa ciudad de Zafra, en 1770, cuna de tantos personajes ilustres de las letras, de las ciencias y de las artes españolas, cuyo Alcázar, hoy Parador Nacional, diseñado por Juan de Herrera fue el centro político y económico de los poderosos duques de Feria. Como tantos extremeños de familia de clase media a lo largo de aquellos tiempos, y de estos más cercanos, eligió, en un principio, la carrera eclesiástica como una salida a sus afanes culturales, recibiendo la primera tonsura antes de estudiar Leyes, aunque sus aficiones le dirigieron enseguida hacia la agricultura. Hombre de una alta formación y gran inquietud cultural, entre 1799 y 1804 tradujo y anotó el Curso completo o Diccionario Universal de Agricultura teórico-práctica y de Medicina doméstica y Veterinaria, (Madrid, imprenta Real), obra monumental compuesta en Francia por la sociedad agrónoma bajo la dirección del abate Rozier. Más tarde, la Junta de Comercio le encargó la redacción de una Memoria sobre las fábricas de curtido y le cabe también la honra de haber sido el introductor en nuestro país de la Taquigrafía o método de escribir con la ligereza que se habla o se lee, inventado por el inglés Samuel Taylor, también impreso por la Imprenta Real de Madrid, en el año 1800.

Durante su juventud fue un destacado liberal, amigo de Quintana, otro ilustre escritor hijo de extremeños que buscó la tierra de sus padres cuando las cosas se le complicaron en política y fuera perseguido y desterrado por los vasallos del innombrable Fernando VII, con quien colaboró en el Seminario Patriótico, tomando luego parte activa en la guerra de la Independencia. En 1813 propuso un Modo de extinguir la deuda pública…. (Palma, Imprenta de Miguel Domínguez, 1813), proyecto que mereció la atención de la Comisión de Hacienda de las Cortes y que constituye un precedente de la desamortización llevada a cabo, veintidós años después, por el Gobierno de Mendizábal. Dos años más tarde registraba en la Gazeta la invención de un trillo al que luego se le harían diversas modificaciones, invento que fue publicado para el conocimiento de los agricultores españoles.

Diputado por Extremadura, junto a los también extremeños Diego Muñoz Torrero y José María Calatrava en las Cortes de 1820 (No dejen ustedes de ver el magnífico óleo de Salvador Viniegra en el que se ve al cura Muñoz Torrero leyendo la nueva Constitución al resto de la Cámara en el momento de su proclamación), presentó una importante proposición sobre las Sociedades Patrióticas que la Comisión dictaminadora recogió en un proyecto de ley limitando el protagonismo político de estos órganos del liberalismo exaltado, liberalismo por cierto que arruinaría las los objetivos del Trienio y que si ustedes tienen curiosidad y paciencia, podrán muy pronto leer en mi nuevo trabajo titulado Vida, obras y muerte escabrosa de D. Matías Vinuesa, cura que fue de Tamajón (Guadalajara) y capellán de honor de S. M. Fernando VII, en el que se recogen las turbulencias de estos apasionantes años de lucha por la libertad, entre realistas y liberales constitucionales.

En uno de tantos vaivenes políticos, de allí pasó directamente al penal de Ceuta donde tuvo como compañero y amigo a Argüelles. En 1823 fue nombrado miembro de la Academia Nacional en la sección de Ciencias Físico-Matemáticas; prócer del Reino en 1834, del 7 de junio al 14 de septiembre del año siguiente fue Ministro de Fomento.

A modo de curiosidad, decirles que los tres personajes liberales nombrados, Muñoz Torrero, Calatrava y Argüelles (junto a otros tan famosos como ellos), descansan eternamente en el Panteón de Hombres Ilustres de Atocha, en un templete rescatado del Cementerio de San Nicolás, situado por aquellas fechas en la calle Méndez Álvaro, desaparecido allá por el año 1868.

Como tantos otros antiguos doceañistas –ferviente defensores de la Constitución de Cádiz 1812–, evolucionó hacia el doctrinarismo, entrando en 1835 en el gobierno presidido por el conde de Toreno y, en su calidad de ministro del Interior tuvo que hacer frente a los motines que estallaron ese año.

Anteriormente había ocupado la Secretaría del Despacho de la Gobernación que había sido suprimida en 1814 y restablecida durante el Trienio Liberal.

Ocupó, asimismo, cargos de carácter técnico como la Dirección General de Correos o la presidencia –en 1842– de la Sociedad Económica Matritense. A su muerte en Madrid, en año 1872, dejaba escritos, por encargo de esta Corporación, diversos tratados agronómicos, entre ellos el Nuevo Diccionario de Agricultura y el Proyecto de una ley agraria o Código rural publicado por acuerdo de la Sociedad Económica Matritense.

Desde mi modesta aportación, como extremeño, quiero agradecer a la Escuela Técnica Superior de Ingenieros, este merecido homenaje a un hombre importante del siglo XIX, cuyas ideas y esfuerzos contribuyeron a ensanchar el horizonte de una España anquilosada, tan necesarias en aquellos tiempos, como en estos que sufrimos, de nuevas y revolucionarias ideas políticas y sociales. MUCHAS GRACIAS.

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